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Ai Weiwei muestra en Sevilla su obsesión por lo verdadero y lo falso

KINT News
01/31/2013 7:57 AM
Actualizada: 01/31/2013 1:55 PM

Sevilla (España), 31 ene (EFE).- La primera exposición en un museo español del artista y disidente chino Ai Weiwei, que ahora se encuentra en China en arresto domiciliario y con el pasaporte retirado por su oposición al régimen, muestra en la Cartuja de Sevilla su obsesión por lo verdadero y lo falso.

“Resistencia y tradición” es el título de esta muestra que podrá visitarse hasta el 30 de junio en la sede del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC), en el conjunto monumental de la Cartuja de Sevilla, y que está integrada por una quincena de obras, en su mayoría instalaciones a base de piezas de cerámica.

El título de la exposición, según sus organizadores, es una clara alusión al posicionamiento político de Weiwei y su interés por la tradición cultural china, la cual emplea en sus obras, sobre todo en las de cerámica, y en las que toma fuerza para denunciar la realidad actual de su país, por ejemplo confrontando el trabajo artesanal chino con la producción industrial en masa.

En la presentación de la exposición a la prensa, Weiwei, a través de un vídeo, ha agradecido a la organización su primera exposición en un museo español y se ha lamentado de que no me esté permitido “ir a compartir esta experiencia con vosotros”, a la vez que se ha mostrado seguro de que los visitantes se divertirán y “lo pasarán bien”.

La muestra ocupa media docena de salas, todas ellas del recinto histórico de la Cartuja, y se abre en la misma Capilla de Colón, el primer enterramiento del almirante en Sevilla.

La práctica totalidad del suelo de la capilla, de mármol blanco, ha suido cubierta de pipas de girasol hechas en porcelana y pintadas posteriormente, de un realismo pleno.

“Pipas de girasol 2010″ es una de sus obras más conocidas, en las que el artista incide en su obsesión entre lo verdadero y lo falso -”en cuanto se ven las pipas dan ganas de comérselas”, ha exclamado en la presentación una de las comisarias de la muestra, Luisa Espino-, y que también entraña una crítica al régimen chino.

Durante el maoísmo, a Mao se le representaba con el símbolo del sol y a los chinos como girasoles que tornaban según el curso seguido por el Gran Timonel, ha recordado Espino, quien ha bromeado diciendo que la confección de las pipas fue “un trabajo de chinos”.

En una ciudad china destacada por su producción de cerámica artesana, 1.600 artesanos trabajaron durante dos años y medio para hacer 150 millones de pipas, con un peso de cien toneladas, con las que, por encargo de la Tate Modern, se cubrió la gran Sala de Turbinas de esta institución londinense.

En Sevilla sólo se han empleado cinco toneladas, unos 3,3 millones de pipas y, a diferencia de la de la Tate Modern, los organizadores de la muestra no permitirán pisarlas, como se hizo en Londres, aunque solo durante una semana, hasta que comprobaron que, por el roce de las pisadas, desprendían una sustancia tóxica.

La pieza mayor, no obstante, es la denominada “Luz bajando”, otra metáfora sobre la situación política y moral de su país y del Gobierno chino, ya que es una lámpara gigantesca literalmente por los suelos.

Esta enorme lámpara, muchas de cuyas piezas, por separado, pesan veinte kilos, y que cuenta con miles de pequeñas cuentas de cristal, ocupa, en la antigua iglesia del monasterio, un espacio de 396 centímetros de ancho por 457 de alto y por 681 de largo, y para su montaje quince técnicos han tenido que trabajar durante dos semanas.

Otra de las piezas es un “pilar” de cerámica de color azul oscuro de dos metros y medio de altura por casi uno de diámetro, cilíndrico, y de una tonelada de peso, y otra, “Vasijas coloreadas”, es una instalación integrada, en efecto, por 16 vajillas de formas tradicionales y coloreadas.

Una instalación integrada por doce pantallas de televisión muestra videocreaciones que reflejan la tarea artística de Weiwei, así como su taller -dos veces destruido por el Gobierno chino-, las entrevistas que le hacen periodistas de todo el mundo, sus mascotas o sus aficiones gastronómicas.

Ai Weiwei (Pekín, 1957), entre 1983 y 1993, año en que regresó a su país, estuvo en Nueva York integrado en los círculos artísticos e influenciado por el arte conceptual y el pop, y el propio artista considera su actividad en internet como su labor más destacada, la cual le costó haber pasado tres meses detenido, incomunicado y en paradero desconocido.