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In Amenas, un coloso de gas herido en mitad del desierto de Argelia

KINT News
01/31/2013 2:43 PM

In Amenas (Argelia), 31 ene (EFE).- La planta de gas de In Amenas, a 1.300 kilómetros en el desierto al sureste de Argel, sigue en silencio, parada, dos semanas después del ataque terrorista en el que 38 trabajadores y 29 hombres armados perdieron la vida.

Las marcas del ataque no han sido borradas y en el tercer tren de la planta de transformación de gas todavía se ven las consecuencias de la mortal explosión causada por los asaltantes radicales islámicos el pasado 18 de enero, como han podido comprobar los primeros periodistas que hoy han visitado las instalaciones, entre ellos Efe.

Pero, las consecuencias no fueron mayores, porque, según explica Lutfi Benaduda, responsable de la empresa petrolera argelina Sonatrach, se había detenido el bombeo desde un día antes.

“Tenían a varios rehenes con cinturones explosivos y un vehículo, lo hicieron explotar”, explicó Benaduda a los periodistas.

Desde entonces el gas no corre por las tuberías de este gigante gasístico que ocupa diez hectáreas de superficie y produce más del 10 por ciento del gas de Argelia, principal exportador a los países del sur de Europa.

Sólo el tercero de los tres trenes de producción resultó dañado, y ahora, después de que el Ejército asegurara la zona y desactivara todos los artefactos explosivos colocados por los terroristas del grupo llamado “Los que firman con sangre”, 120 ingenieros intentan asegurar las instalaciones para recuperar el bombeo.

Según Benaduda, en el menor tiempo posible se recuperará un tercio de la producción, que alcanza los 22 millones de metros cúbicos diarios, además de condensado y de GPL, lo que supone 14 millones de dólares de beneficios al día.

Es la primera vez, desde el estallido de la crisis, que las autoridades permiten a los medios de información nacionales y extranjeros, más allá de la televisión oficial argelina, visitar las instalaciones.

En mitad del desierto a casi una hora de la ciudad más cercana, In Amenas, se levanta este gigante de tuberías blancas y metálicas cuya laberíntica armonía solo rompe el negro de aquella explosión.

A cuatro kilómetros de la planta de transformación se levanta la zona residencial, ahora fuertemente protegida por decenas de gendarmes y con una tanqueta a las puertas, al igual que en la fábrica.

En este espacio, conocido como zona de vida, donde los trabajadores residen durante largas temporadas, irrumpieron la madrugada del miércoles 17 de enero los integrantes de la brigada terrorista, dirigida por el líder de Al Qaeda en el Magreb islámico Mujtar Bel Mujtar.

Atravesaron las dos puertas metálicas con sus vehículos después de haber fracasado en su intento des secuestrar un autobús que llevaba a un grupo de trabajadores extranjeros al aeropuerto.

Allí, en una plazoleta donde se encuentran las viviendas de los directivos y los comedores, separaron a los trabajadores en tres grupos, a los extranjeros siempre juntos, maniatados y con explosivos entorno a su cuerpo.

En estos edificios también se pueden ver las marcas de los disparos del primer ataque lanzado por el Ejército el jueves 18, después de una larga noche en la que al parecer los terroristas perdieron su esperanza de poder huir con los cautivos extranjeros.

Aquí, los atacantes retuvieron al mayor grupo de rehenes, la mayoría de los cuales fueron rescatados en la primera operación militar.

Sin embargo, otros fueron trasladados a la planta de transformación, donde encontraron un final dramático asesinados a sangre fría por sus captores.

Benaduda explica que los trabajadores de las otras dos empresas con las que Sonatrach explota el complejo, la británica BP y la Noruega Statoil, no regresarán hasta dentro de tres meses.

Para entonces se espera que la producción se haya recuperado, pero muy posiblemente seguirán las profundas heridas provocadas por uno de los mayores secuestros de la historia reciente del país.