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Stalingrado, ni un paso atrás

KINT News
02/01/2013 3:39 AM
Actualizada: 02/01/2013 8:16 AM

Moscú, 1 feb (EFE).- El veterano Gueorgui Kiréev visita casi todos los años su tumba en Volgogrado, ya que le dieron por muerto hace 70 años durante la batalla de Stalingrado, una de las más sangrientas de la historia.

“Me hirieron en la defensa de Stalingrado. Pensaron que había muerto y enviaron la notificación a mi familia. Casi todos los años voy a visitar mi tumba en un cementerio de la ciudad”, afirmó a Efe Kiréev.

Con 89 años a sus espaldas, el veterano ucraniano aún conserva el buen humor, como no podía ser de otra forma para un militar retirado cuyo nombre y apellidos fueron grabados con cincel en un panteón a los caídos entre junio de 1942 y febrero del 43.

No es el único caso de veterano de Stalingrado que fue dado por muerto en combate y que no sólo aún estaba vivo, sino siguió combatiendo, aunque Kiréev no pudo participar en la toma de Berlín, ya que resultó gravemente herido en noviembre de 1944 en Prusia.

Los excombatientes de la batalla que cambió la Segunda Guerra Mundial rondan ahora los 90 años y, aunque derrotados por los achaques, ocupan un sitial de honor en la historia de esa contienda.

“Resistimos hasta el final, aunque enfrente teníamos al gran Ejército alemán. Sí, murió tanta gente bajo las bombas. En mi pelotón éramos 15 y sólo tres sobrevivimos”, asegura Kiréev, miembro de la 96 brigada del legendario 64 Ejército soviético.

En julio de 1942, la ciudad que recibió su nombre del líder soviético, Iósif Stalin, estaba a punto de caer en manos de los alemanes, por lo que Moscú tuvo que recurrir a carne de cañón, reclutas sin experiencia en combate que apenas duraban en pie 24 horas bajo el infernal bombardeo alemán.

“Acabé la escuela y dos días después cayeron las primeras bombas sobre Kiev. Todos mis amigos fuimos a enrolarnos. A mí me rechazaron porque sólo tenía 17 años. Me enfadé mucho, pero cuando cumplí los 18 me dieron un fusil y me enviaron al frente”, recuerda Kiréev.

Curiosamente, según la historiadora Tatiana Prekázchikova del Museo de Stalingrado, ni Hitler ni Stalin sospechaban que esa ciudad a orillas del Volga sería crucial para decidir el destino de la guerra.

Stalin pensó que Hitler optaría por lanzar en el verano de 1942 una nueva ofensiva sobre Moscú, pero los alemanes renunciaron a la capital rusa y decidieron hacerse con el control del Cáucaso para cortar los suministros de combustible al Ejército rojo.

“Es hora de frenar la retirada. Ni un paso atrás”, rezaba la famosa arenga de Stalin a las tropas en julio de 1942.

Es decir, en el caso de los soldados soviéticos, entre los que había no pocas mujeres, el heroísmo no era negociable, sino una obligación para todos los combatientes, que en caso de retirada eran ametrallados por unidades punitivas, de acuerdo a la directiva 227.

Como resultado, los alemanes se vieron empujados a una batalla callejera, una lucha cuerpo a cuerpo en las ruinas de la ciudad, para la que no estaban equipados y en la que su supremacía en tanques y aviones perdió todo valor.

“Los alemanes no estaban preparados para 40 grados bajo cero. Además, se les acabaron las municiones y las provisiones. Estaban hambrientos y muertos de frío”, asegura Dmitri Stadniuk, un veterano ucraniano de 90 años.

La consecuencia fue que la ciudad de poco más de medio millón de habitantes prácticamente desapareció de la faz de la tierra debido a los bombardeos alemanes y que en sus calles y en los alrededores perecieron más de dos millones de soldados soviéticos y alemanes.

“Había montañas de cadáveres. Tuvimos que pedir a los prisioneros que cavaran bajo la nieve fosas para enterrar a sus propios caídos”, recuerda.

Stadniuk vio personalmente en una de las plazas de Stalingrado cómo un compungido Friedrich Paulus, el comandante del Sexto Ejército alemán, era trasladado en un vehículo por soldados soviéticos tras rendirse, el 2 de febrero de 1943.

“‘¡Hitler kaput!’ gritaban los prisioneros alemanes agitando banderas blancas. En Stalingrado nosotros aprendimos a combatir y los alemanes perdieron la iniciativa. Fue nuestra primera gran victoria”, relata Stadniuk.

Los alemanes nunca llegaron a poner sus botas en Moscú, mientras los soviéticos ya no se conformaron con expulsar de su territorio al invasor, sino que lanzaron una contraofensiva que concluyó con la toma de Berlín.

Ignacio Ortega