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“El arte de pensar” o la apología de la lógica

KINT News
02/05/2013 3:22 AM
Actualizada: 02/05/2013 3:30 AM

Madrid, 5 feb (EFE).- La economía mundial es ingobernable y su evolución imposible de pronosticar, como demuestra la crisis actual que ningún experto fue capaz de predecir. Un estrepitoso fracaso colectivo debido a errores de lógica inevitables en un mundo cada vez más complejo e incomprensible para nuestro cerebro.

Es la tesis que mantiene el escritor y empresario de éxito suizo Rolf Dobelli en “El arte de pensar” (Ediciones B), en el que recopila “52 errores de lógica que es mejor que cometan otros”.

“Pienso que no estamos preparados para comprender cómo funcionan los mercados financieros y los avances tecnológicos. En el fondo, nuestro cerebro no está lo suficientemente evolucionado”, afirma Dobelli en una entrevista con Efe.

Y es que, mantiene, en los últimos diez mil años el ser humano ha creado un mundo que ya no entiende, un mundo más sofisticado, complejo e interdependiente, con un enorme bienestar material pero con grandes problemas de civilización y errores de lógica, debido sencillamente a que el cerebro no ha evolucionado a la par.

La biología ha demostrado que físicamente, y eso incluye el cerebro, seguimos siendo cazadores y recolectores, como en la Prehistoria, pero vestidos en vez de con pieles con ropa, ya sea de firmas de lujo o de grandes cadenas, bromea.

Y si la complejidad sigue creciendo, y todo indica que así será, esos errores de lógica serán “más frecuentes y graves”.

Lo bueno es que todas las personas, incluso las superdotadas, caen una y otra vez en las mismas trampas, lo que hace que esos errores sean pronosticables.

Dobelli ha identificado 52 de esos errores en una lista que empezó a elaborar en 2004 y que no está completa, advierte.

Los tres más graves, según él, son el “sesgo de confirmación” o la tendencia a filtrar la información que nos llega para reforzar nuestras teorías, sin tener en cuenta los datos que las contradicen. Esto en economía, señala, provoca enormes estragos.

Especialmente peligrosa es también “la prueba social” o pensar que algo tiene que ser cierto o correcto solo porque millones de personas lo hacen o lo creen. Y pone como ejemplo la burbuja inmobiliaria.

Igualmente pernicioso es el “sesgo de autoridad” o conceder demasiada credibilidad a los políticos, expertos o presidentes de empresas, pues cuanto más crítico sea con las autoridades, más libre será y más podrá fiarse de sí mismo, aconseja.

Nunca había fallado más espectacularmente un grupo de expertos, en este caso los economistas, con Alan Greenspan (exresponable de la Reserva Federal de Estados Unidos) a la cabeza con la cadencia de la crisis económica desde el estallido de la burbuja inmobiliaria hasta el hundimiento de los seguros de impago de deuda, subraya Dobelli.

En la década de 1990, rememora, no había nadie más sagrado que Greenspan, cuyas declaraciones sobre política monetaria eran seguidas con adoración por políticos, periodistas y líderes económicos.

Todos fueron víctimas de la “falsa casualidad” o el error de “creer en la cigüeña”, esto es, aclara Dobelli, confundir la causa con el efecto.

Hoy se sabe que la simbiosis de Estados Unidos con China, a la vez productor barato global y acreedor de la deuda norteamericana, desempeñó un papel mucho más importante en la evolución económica, por lo que, según Dobelli, Greenspan simplemente tuvo suerte de que en su época la economía funcionara tan bien.

Por eso hay que evitar “la ilusión del pronóstico”, ser muy críticos con los expertos y profetas, especialmente con los que auguran escenarios de ruina y desintegración. El calentamiento global, el precio del petróleo o el tipo de cambio son casi imposibles de predecir, asegura este licenciado en empresariales por la prestigiosa universidad suiza de St. Gallen.

Y es que en el caso de Greenspan como en muchos otros el ser humano cae una y otra vez en “el error fundamental de atribución” o la tendencia a sobrestimar sistemáticamente la influencia de personas y subestimar los factores externos para explicar algo.

La admiración exagerada por otras personas procede, según el autor de “El arte de pensar”, de nuestro pasado evolutivo.

La pertenencia a un grupo era necesaria para sobrevivir, ya que ser expulsado significaba una muerte segura, por eso estamos tan obsesionados con la gente y lo que opinen de nosotros, añade.

Su consejo: confiar en nosotros mismos, leer mucho, pensar y ser capaces de poner en tela de juicio todo, incluidas las creencias.

Ser conscientes de que el riesgo cero no existe, confiar en la intuición para las decisiones triviales y aplicar la lógica, la reflexión, para todo lo demás, recomienda Dobelli.