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La fuerza del arte ilumina el sombrío devenir del mayor psiquiátrico uruguayo

KINT News
02/06/2013 6:21 AM
Actualizada: 02/06/2013 3:20 PM

Montevideo, 6 feb (EFE).- El valor terapéutico del arte ha comenzado a iluminar los sombríos pabellones del principal hospital psiquiátrico uruguayo con un innovador taller que permite a los pacientes peligrosos salir a la calle para pintar murales e incluso conocer al presidente del país, José Mujica.

Compromiso, paciencia, solidaridad y autoestima son los valores con los que la coordinadora del Taller Sala 12, la enfermera Selva Tabeira, aspira a rehabilitar a 16 enfermos del Hospital Vilardebó, un vetusto sanatorio de Montevideo inaugurado en 1888 y que en sus albores fue de los mejores de América Latina.

“La idea del taller es que aprendan oficios, que vuelvan a estar en la actitud postural de ocho horas de trabajo y que se adapten a la medicación” dijo hoy en una entrevista con Efe la enfermera, que tiene 34 años de experiencia en su oficio.

En diciembre pasado sus pupilos pintaron un mural en el Mercado Modelo, un centro comercial de mayoristas ubicado en el barrio montevideano del mismo nombre.

Para el artista Adrián Velando, un expaciente del hospital que dirigió aquella tarea, lo importante es “el control del tiempo” al que obliga a los enfermos, que dedicaron cinco días a terminarla.

El Taller Sala 12 fue bautizado así porque sus participantes proceden de los sótanos de la Sala 11, la de mayor peligrosidad del Vilardebó.

Tienen entre 21 y 50 años, “casi todos proceden de un ambiente social deficitario” y “han cometido un delito de sangre en su contexto familiar”, relata Tabeira.

Pese a ello, gracias a la medicación y a las buenas artes de la enfermera algunos pueden salir a la calle a desarrollar su arte, siempre con el permiso de un juez porque muchos cumplen condena o esperan un veredicto por graves crímenes.

Su próximo reto callejero este año será otro mural, ahora en el barrio de Colón, pero los pupilos de Tabeira no solo son buenos con el pincel. También se ejercitan en la herrería, la albañilería o la serigrafía. Y con bastante éxito.

A finales de 2012 expusieron sus obras en la Torre Ejecutiva, la sede presidencial uruguaya, en parte por el interés que el gobernante José Mujica, de 77 años, mostró por la iniciativa después de visitarles un año antes.

El propio Mujica fue destinatario de un regalo de los enfermos: una mesa de madera con el escudo uruguayo tallado sobre su superficie que el mandatario envió a su despacho.

El autor del objeto es José Luis, un enfermo de 37 años, de apariencia tranquila y discurso coherente pero que tiene una patología que le llevó a degollar a un conocido porque imaginó que traficaba con niños.

Tiene “un cuadro delirante crónico” y todas las noches, cuando deja de hacerle efecto la medicación, asegura ser un “ingeniero de la NASA” o “una nave espacial”, explica Tabeira.

Entrevistado por Efe, José Luis se muestra afable y orgulloso de su labor artística. Cuando se le pregunta por el motivo de su encierro, dice sosegado: “Tuve un problema con otra persona”.

“Para nosotros es muy importante tener un taller porque las horas que uno estás acostado en una cama estás pensando en mil cosas, más con medicamentos”, añade luego.

Mujica, que según la enfermera les ha donado más de 5.000 dólares de su bolsillo, no ha escondido su empatía con esos enfermos en varios actos públicos en los que ha llegado a confesar que en el pasado recibió atención psiquiátrica porque se “figuraba voces”.

Al parecer ese problema surgió durante los catorce años que pasó en la cárcel por su lucha guerrillera, la mayoría durante la dictadura (1973-1985) y en duras condiciones.

“No pierdan la esperanza de salir de acá y estar mejor. No se entreguen, no bajen los brazos. Siempre se puede, se lo dice uno de ustedes”, les dijo cuando los visitó.

En diciembre Mujica invitó a dos pacientes del Vilardebó a una pintoresca cena navideña en la residencia presidencial a la que también acudieron reclusos de un centro de menores y jubilados.

La actitud presidencial contrasta, sin embargo, con las zonas abandonadas y las paredes desconchadas del hospital psiquiátrico, lleno de enfermos desparramados por los pasillos, algunos sobre sus propios orines.

El Sindicato Médico del Uruguay denunció recientemente que el centro está sobrepasado por la creciente llegada de pacientes judiciales.

Consultado por Efe al respecto, Federico Sacchi, adjunto a dirección del sanatorio, indicó hoy que el recinto tiene “la dotación adecuada para el número de camas”, con 46 psiquiatras.

Sacchi, que dijo no tener datos presupuestarios, admitió no obstante que “es de difícil mantenimiento porque tiene 132 años” y “una estructura arquitectónica” que implica “una atención especial”.

Raúl Cortés