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Xavier Velasco invita a los adolescentes a “equivocarse mucho” y con “pasión”

KINT News
02/07/2013 3:16 AM
Actualizada: 02/07/2013 3:40 AM

Madrid, 7 feb (EFE).- El escritor mexicano Xavier Velasco regresa en su última novela “La edad de la punzada” a la adolescencia, una época que define como un auténtico “infierno” y durante la que anima a “equivocarse mucho” y con “pasión”.

Rescatando la furia de esos años, el Premio Alfaguara de Novela 2003 por “Diablo Guardián” ha puesto en marcha la máquina del tiempo y ha viajado a la “desazón de tener 14 años y ser un bicho raro en todos los sitios”.

Xavier Velasco (Ciudad de México, 1958) subraya a Efe que está convencido de que muchas personas podrán reconocerse en este texto, “porque la historia de uno es siempre la de todos”.

Según el autor, que le gusta experimentar con distintas apuestas narrativas, la adolescencia es un “área común. Nos parecemos mucho en esos años”.

Unos años en lo que el escritor cree que “pasamos horas y horas en el mismo lugar y circunstancias, se nos prohíbe todo lo deseable, ninguno puede hacer su santa voluntad, somos rehenes de nuestro desempeño escolar y traemos la cabeza repleta de apetitos inconfesables”.

Velasco confiesa que está interesado en no dejar “morir” esa época y afirma que contrajo el compromiso consigo mismo de trasladarla al papel su experiencia juvenil.

“Era como una cruz que venía cargando y de la que algún día me iba a tocar librarme”, asegura.

Así, con la firme sospecha de que se ha ahorrado “una fortuna en psicoterapeutas”, la obra publicada por Alfaguara se hilvana como una novela autobiográfica en la que el autor rememora de forma minuciosa y fiel desde los trece a los diecisiete años y los trágicos acontecimientos personales y familiares acaecidos en ese periodo.

Unos hechos que contribuyeron a convertir el adolescente “mimado, engreído y rufián que fue en el hombre decente y el afamado escritor que es ahora”, apunta la presentación de novela.

El autor de ” Este que ves” y “Puedo explicarlo todo”, entre otras obras, observa ahora desde la distancia que la adolescencia es una oportunidad de “fortalecerse”.

Una oportunidad que no cree que tienen “los populares”, porque ser “apestado”, en cambio, supone “adiestrarse en la sobrevivencia y obligarse a triunfar sobre los propios miedos. No se crece merced a las facilidades, sino a pesar de la carencia de ellas”, indica.

A los malos estudiantes, el escritor recomienda, entre risas, que “lean su novela” y aquellos que dejan la infancia y se adentran en la edad adulta que “hay que experimentar, inventarse destinos, soliviantar quimeras, carcajearse a menudo, equivocarse mucho y apasionadamente”.

Y con pasión se enfunda en su rol de escritor: “Mi papel es mentirle a todo el mundo menos a mí mismo, con el único fin de contar la verdad (aunque no toda ella, ni nada más que ella)”.

Prefiere “remar en contra” de cualquier corriente literaria en la que se le pueda encuadrar, porque siente las tendencias como “límites, grilletes productores de expectativas con las que no podría ni querría cumplir”.

Reconoce que el ruido mediático que produce un gran premio de novela, como el Alfaguara, despierta una atención perturbadora. “Quisieras -dice- ser el mismo de anteayer y ya ese solo intento te arruina el apetito narrador. Pero te recuperas, más tarde o más temprano, y ello incluye el placer de volver a escribir desde las vísceras, sin otro compromiso que el de hacerlas temblar”.

Y así con la responsabilidad de vencer el miedo ante la hoja en blanco afirma que escribe en la actualidad una nueva novela y que aunque le encantaría hablar de ella no lo hace “por motivos religiosos”.

“Habla uno de lo que hizo, no de lo que va a hacer, especialmente cuando todo es mentira. Eso sí, al terminar todo será verdad. Lo juro”, concluye, eso sí convencido de que si llega a “crecer la tentación” de hablar sobre los acontecimientos convulsos de su país la obedecerá.

Mercedes Bermejo