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Campanella ultima “Futbolín”, un duelo por amor y el futuro de un pueblo

KINT News
02/08/2013 3:14 AM
Actualizada: 02/08/2013 3:40 PM

Buenos Aires, 8 feb (EFE).- La revancha de una partida de “Futbolín” jugada años atrás entre dos niños se convierte en una pelea por el honor, el amor y el futuro de un pueblo en la última película del argentino Juan José Campanella, con la que debuta en el cine de animación.

El ganador de un Óscar al mejor film extranjero por “El secreto de tus ojos” explica en Buenos Aires que está en la recta final de un proyecto iniciado hace cinco años, en el que han participado más de 300 personas y cuyo presupuesto se acerca a los 20 millones de dólares, casi el doble de la proyección inicial.

“Es mucho más grande que cualquier película que haya hecho yo hasta el momento, pero comparado con cualquier película hecha en Estados Unidos es diez veces más chica”, afirma en un encuentro con medios españoles Campanella, quien agrega la necesidad de lidiar con problemas de la “realidad argentina”, como la lentitud de internet o los frecuentes cortes de luz.

“Ya no puede pasar nada. Falta sólo un minuto de animación”, añade, aunque ese breve lapso de tiempo en la ficción equivalga aún a unos meses de trabajo en la realidad dada la alta complejidad del proceso de realización de una película en formato 3D estereoscópico.

“Futbolín” narra el duelo entre un chico tímido, Amadeo, y su antítesis, El Crack, la máxima estrella del fútbol mundial, que regresa al pueblo con el objetivo de comprarlo, convertirlo en un parque temático y vengarse de la única derrota que ha sufrido en su vida: la que le infligió Amadeo en el futbolín.

Para frustrar sus planes, el protagonista contará con la ayuda del Wing y los demás jugadores de su inseparable equipo de futbolín, que cobran vida en un alocado partido en el que se ensalzan “el espíritu de equipo, la amistad y el amor”, remarca Campanella.

“Después de ‘Luna de Avellaneda’ es quizás mi película más social”, añade sobre “Futbolín”, que llegará a las pantallas españolas en los próximos meses.

El fanatismo de Amadeo le lleva a personalizar los jugadores con elementos caseros, como pedazos de lana o esponja, y resuelve así uno de los grandes desafíos que se les planteó: “Aunque todos tienen la misma cara, entre la caracterización, el porte y la manera de conducirse parecen personajes totalmente distintos”.

Campanella niega que los jugadores se hayan creado a imagen y semejanza de astros del fútbol mundial, pero admite que responden a “arquetipos que se repiten en cada generación, como el filósofo o el egocéntrico”.

La fuente de inspiración de esta coproducción hispano-argentina fue el cuento “Memorias de un wing derecho”, del fallecido escritor y dibujante argentino Roberto Fontanarrosa.

Sin embargo, a diferencia del “Negro” Fontanarrosa, fanático del deporte rey, Campanella confiesa que fue “un mal jugador de futbolín y aún peor jugador de fútbol” y que ni siquiera le gusta demasiado como espectador, a excepción de los Mundiales.

“Messi me encanta, lo que pasa que no soy fanático del fútbol”, se excusa, aunque recuerda que quizás la mayor depresión de su vida la tuvo cuando Diego Armando Maradona fue eliminado del Mundial de EEUU en 1994 por ‘doping’ positivo ya que ese día le vio por primera y única vez en una cancha.

“Uno venía de lo más grande y nos cortaron las piernas”, parafraseó a Maradona el oscarizado director, que avanzó que “hay un homenaje a esa frase en la película”.

Campanella bromea con que “la animación fue el primer género” que le gustó como espectador, pero adentrarse en el género como director le ha supuesto “tener que aprender a hacer todo el proceso al revés, como cuando en el gimnasio te cambian la rutina y te empieza a doler todo de músculos nuevos”.

Los ordenadores dominan el edificio de dos plantas en el barrio porteño de Belgrano en el que el equipo de “Futbolín” colorea, ilumina y da movimiento, volumen y verosimilitud con herramientas digitales a cada una de las escenas concebidas originalmente en papel.

Campanella planea seguir en Buenos Aires cuando acabe “Futbolín”, pero desvela a Efe que se irá a las antípodas con “un proyecto donde no haya una computadora a menos de 20 cuadras a la redonda: una obra de teatro, Parque Lezama”.