Tráfico | T 68° H 10% | Powered by Yahoo! Weather

Sin categoría

Noticias | Sin categoría

Damon puso rostro en la Berlinale a la estafa ecológica en aras del progreso

KINT News
02/08/2013 9:36 AM

Berlín, 8 feb (EFE).- El actor estadounidense Matt Damon llevó hoy a la Berlinale el rostro de la estafa ecológica en “Promised Land”, un filme de Gus Van Sant sobre la usura voraz de la industria energética que convierte a granjeros en desposeídos de su tierra.

Damon, con su eterna cara de chico bueno pese a interpretar a un engatusador profesional, acaparó los flashes de la primera jornada a competición, compartida con el excelente filme “W Imie” (“In the name of”), sobre homosexualidad y sacerdocio en la católica Polonia.

“Es un personaje en dilema, que trata de no escuchar a su conciencia, aunque sabe el alto coste que implica ignorarla”, explicó el actor, el imán mediático de la jornada en un papel diseñado a su medida y en un filme del que es además coguionista y productor.

“Promised Land” arranca con la llegada de Damon y Frances McDormand a un pueblo de granjeros perdido en EEUU que el consorcio “Global” pretende perforar en busca del gas, por mucho que conlleve envenenar el subsuelo de los prados donde pacen las vacas.

Se trata de perforaciones a kilómetros de profundidad -el controvertido método “Fracking”-, para el que se insuflan productos químicos y que “Global” quiere llevar adelante estafando con un contrato subvalorado a los granjeros.

“No es filme de héroes y villanos. En nuestro mundo, también el de los consorcios sin escrúpulos, uno puede pasar de un lado al otro sin dejar de ser la misma persona”, apuntó Van Sant, presente en la Berlinale como nombre de peso entre los 19 aspirantes a Oso.

Damon y McDormand serán exponente del principio de que “nada es sólo blanco o negro” -en palabras del actor-, ni siquiera en el mundo sin escrúpulos del que proceden.

Llegarán al pueblo pensando que será una pieza fácil y se toparán con un viejo maestro, ingeniero de elite ya jubilado y líder de la resistencia en tanto que suficientemente viejo para permitirse el lujo de morir con dignidad, en lugar de venderse barato.

A partir de ahí empezarán a hacerlo todo mal, desde comprar al alcalde a tratar de hacerlo con un activista ecologista -John Krasinski- tan engatusador como los enviados del consorcio, por mucho que les acose a ellos y al pueblo entero con carteles de “Global go home”.

Van Sant se permite una pequeña sorpresa, cuando todo parece cuadrar demasiado y el dilema de Damon tiende a resolverse en una dirección excesivamente esperable.

“Trato de hacer filmes en los que creo y que a la vez sean realistas, cinematográficamente”, defendió Damon, en alusión al corte convencional de la película, en la que no falta el romance con la linda maestra del pueblo.

“Promised Land” dio un buen arranque, en lo mediático, a la primera jornada a competición, aunque en lo cinematográfico la mejor acogida se la llevó el filme dirigido por Malgoska Szumowska, representante del nuevo cine polaco.

“W Imie…” se recibió como una de esas pequeñas joyas del cine de bajo presupuesto, con unos actores excelentes y trazado sobre otro tipo de dilema: el de un cura de una parroquia rural al cargo de un grupo de muchachos difíciles.

La homosexualidad, tabú en todo el ámbito católico y más aún en un país casi al cien por cien confesional como es Polonia, es la tortura interior y exterior del sacerdote, que se gana el aprecio de los chicos con su imagen moderna y hasta el acoso de la atractiva y desorientada esposa de un instructor de la escuela.

Szumowska aborda el tabú sin tapujos, en un película rica en detalles reveladores y que huye de los tópicos.

La tercera a competición fue “Paradies: Hoffnung” (“Paradise: Hope”), la última pieza de la trilogía del austríaco Ulrich Seidl -tras sus anteriores “paraísos” dedicados al amor y a la fe-.

También se introduce en las tentaciones adultas -esta vez, un médico- por una muchacha, esta vez en un campamento de vacaciones al que los padres envían a sus hijos con sobrepeso a adelgazar.

La muchacha es una “Lolita” gorda empeñada en seducir al adulto, el tercer personaje en dilema en una misma jornada, y el resultado un filme sin la intensidad de su compañera a competición polaca ni el factor mediático de la de Van Sant.

Por Gemma Casadevall