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Mil recuerdos infantiles para contar el cerco de Sarajevo

KINT News
02/10/2013 5:30 AM

Sarajevo, 10 feb (EFE).- La inocencia ante la barbarie, la guerra vista desde los ojos atónitos de niños que tuvieron que dejar de serlo por el cerco de Sarajevo (1992-95). Esta es la propuesta de un libro recién publicado que rescata mil recuerdos infantiles del asedio de la capital bosnia.

“Cuando me llevaron al coche blindado de asistencia médica de Urgencias, le pregunté a mi padre si cuando regresase del hospital me reñiría porque fui herido”, es algo que quedó grabado en la memoria de uno de los niños sarajevitas que cuenta su historia.

“Tenía diez años cuando vi que introdujeron en un camión el cuerpo sin vida de mi amiga, y luego una cisterna que limpiaba su sangre de la calle”, recuerda otra pequeña en el libro “La infancia en la guerra” de Jasmin Halilovic, de 24 años.

Un tercero relata que imaginaba una puerta secreta y detrás un cuarto resistente a granadas y en el que siempre había luz, agua y una nevera llena de comida.

“Recuerdo a Selma, mi amiga, que en la clase se sentaba conmigo en el mismo pupitre aunque tenía una hermana melliza. El día en que la asesinaron, maduré de golpe”, señala otra superviviente.

“Mi hermano salió para coger un poco de hierba para nuestro loro. En ese momento, la bala de un francotirador le alcanzó justo en el corazón. Tenía sólo diez años”, recuerda otro.

“El chocolate que me regalaron en la guerra no se olvida. Comía media onza al día, para que me durara más y para que no olvidara el sabor”, dice otra de las personas que vivieron el cerco de Sarajevo.

“Fue una infancia en polvo: leche en polvo, huevos en polvo, las casas cercanas hechas polvo. Y nosotros, los niños, sin embargo, no perdíamos alegría”, destaca, sin embargo, otro.

En la misma línea se sitúan los recuerdos de otro testimonio recogido en el libro: “Con mis compañeros estuvimos con ansias de que conectasen la luz para ver la final del Mundial 1994 entre Brasil e Italia”.

Son algunas de las vivencias de más de mil sarajevitas que pasaron su niñez en la capital asediada y que han quedado compiladas en el libro de Halilovic.

Su proyecto nació hace más de dos años, cuando junto a unos colaboradores ofreció en una página web la posibilidad de compartir sus recuerdos a quienes pasaron parte de su infancia en Sarajevo durante la guerra.

La idea se propagó con rapidez y éxito por las redes sociales y medios locales, y a la pregunta “¿Qué es para ti la infancia en la guerra?” recibió, en sólo tres meses, más de 1.500 respuestas procedentes de 38 países a los que esos niños bosnios se fueron durante y después del conflicto.

En su libro quedarán salvados del olvido 1.030 recuerdos sumados en breves frases.

“Mi deseo era grabar la experiencia colectiva, un trabajo muy complejo que me ha revelado que esa experiencia tiene muchos aspectos diferentes”, declaró el autor a Efe.

“Me he dado cuenta de que las memorias de la gente de ese período no son solo tristes, y pensé que valía la pena anotarlo. Por otro lado, quería dedicar mi trabajo a una amiga fallecida en la guerra. Esos fueron mis motivos, el incentivo del proyecto al que se sumaron miles de personas”, indicó Halilovic.

El redactor gráfico de la obra, Braco Dimitrijevic, afirma en el prólogo que los niños viven las cosas como en una “dimensión torcida”, incluso en las situaciones más extremas como la guerra, la muerte o el amor.

“Conozco a esos niños ahora como jóvenes creativos. En su carácter y relación con la vida reconozco esos rasgos de humor absurdo y un despecho creativo que les ayudaron sobrevivir a la guerra”, señala Dimitrijevic.

Durante los tres años y medio de conflicto bosnio, Sarajevo sufrió el asedio de las tropas serbobosnias y disparos de los francotiradores y de la artillería desde los montes circundantes.

El comediante sarajevita Filip Andronik, cuyos recuerdos también están en “La infancia en la guerra”, ha entrado en el libro Guinness de los récords por su colección de paquetes humanitarios de alimentos que los ciudadanos de Sarajevo recibían durante el asedio.

“Cuando recibimos la primera lata, fue una consternación. Hasta hacía poco vivíamos en Yugoslavia, trabajábamos, teníamos de todo. De repente, llega una gente que nos reparte latas para sobrevivir. Y nosotros pensando: ‘es la guerra, bueno, pues, terminará el lunes’”, dijo Andronik en la reciente presentación del libro en Sarajevo.

“La guerra, claro, no terminó el lunes. Entonces, decidimos coleccionar latas que recibíamos de envíos de alimentos, guardar algo que nunca antes habíamos visto, guardarlo como un documento histórico. La colección entró en el Guinness”, explicó.

“Fue nuestra forma de mostrar cómo los niños intentábamos olvidar lo que pasaba en torno a nosotros. Algunos recolectaban metrallas, yo trozos de alimentos de los paquetes, cada uno en su envoltura de colores”, declaró.Nedim Hasic