Tráfico | T 63° H 16% | Powered by Yahoo! Weather

Sin categoría

Noticias | Sin categoría

“La mujer del espejo”, una novela “feminista” de Schmitt para cultivar la insumisión

KINT News
02/20/2013 9:26 AM

Madrid, 20 feb (EFE).- Cuando Éric-Emmanuel Schmitt se propuso escribir su última novela, “La mujer del espejo”, pretendía mostrar que ser uno mismo “siempre es más difícil para una mujer que para un hombre”, razón por la que escribió un libro “feminista” en el que sus protagonistas se rebelan contra el sometimiento y la sumisión.

El reconocido escritor francés, autor de novelas de éxito como “Ulises from Bagdad” o “El señor Ibrahim y las flores del Corán”, se mete en su última obra, publicada por Alevosía (Siruela), en la piel de tres mujeres, Anne, que vive en la Brujas del Renacimiento; Hanna, aristócrata de la Viena imperial de principios del XX; y Anna, una actriz del Hollywood actual.

“El reto era convertirme en esas tres mujeres, sentir el mundo a través de sus cuerpos y su psicología”, asegura Schmitt en una entrevista con Efe, en la que señala, con humor, que eso solo se consigue a través de la literatura, “porque la cirugía es cara y además no es reversible”.

En ese sentido, “La mujer del espejo” es, según su autor, no sólo un libro “femenino” sino también “feminista”, al considerar que para ser feminista “no hace falta ser mujer”.

Aunque el hilo conductor de sus tres protagonistas, Anne, Hanna y Anny, es la insumisión, se trata de una insubordinación “espontánea, natural”, ya que las tres son “dulces y abiertas”; “no son rebeldes por naturaleza, sino por necesidad”.

A pesar de que la joven plebeya Anne (Brujas), la aristócrata Hanna (Viena) y la famosa actriz Anny (Hollywood) tienen todo para ser felices, ninguna de ellas lo logra por las presiones de su época hacia la mujer, ante las cuales se rebelan buscando su parcela de libertad.

Éric-Emmanuel Schmitt reconoce que le ha costado “cincuenta años” de observación “y empatía” aprender a trazar los retratos psicológicos que realiza en su última obra, y admite que le hace “feliz” sentarse a observar a las personas “y jugar” a ser ellas, “a ver el mundo a través de sus ojos y su psicología”.

Aunque afirma que no le gusta “hablar mal” de otros libros, considera que best-seller como “50 sombras de Grey”, de gran éxito en España, pretenden “alimentar los prejuicios actuales” y están concebidos pensando “en el mercado editorial”, algo que, afirma, él no hace nunca, sino que escribe el libro que lleva “dentro”.

En su caso utiliza la literatura para favorecer “la tolerancia”, al considerar que sólo un libro permite acercar al lector a diferentes personajes “que normalmente le serían ajenos” y “romper las barreras” entre un lector cristiano y un personaje budista o musulmán.

En materia religiosa la época actual “es maravillosa” por lo que tiene “de plural”, y asegura que la religión hoy en día se ofrece “como una propuesta, no como un modelo único”, por lo que confía en que ésta ayude a los humanos “a ser más inteligentes”.

Schmitt escribió la novela, en la que se intercalan los capítulos de las tres protagonistas, en el mismo orden en que se lee, “y no como un guión cinematográfico, en el que se hubieran rodado las tres trayectorias por separado”, algo que ha dificultado su trabajo “al tener que regresar al lenguaje propio de cada época”, pero que también le ha permitido crear los “juegos de espejo” de la misma.

Gran melómano, el escritor admite que su novela está orquestada como una composición musical con continuas referencias a la música, a la que le atribuye un poder espiritual “sanador” frente a la literatura, que ayuda a “crecer” intelectualmente.

En opinión del escritor francés los prejuicios contra todo lo nuevo que aparecen en la novela “no terminarán nunca” y el combate “contra la idiotez y la intolerancia será eterno”, y asegura que aunque confía en que individualmente las personas pueden progresar, no tiene esa confianza en la sociedad, que colectivamente “no progresa”.

Ante eso lo importante es, como hacen sus protagonistas, “cultivar la insumisión” con la época en la que uno vive, auténtica “clave” para recuperar la libertad, y señala que aunque cada época “tiene sus llaves para descifrar el mundo”, al final todas son “insuficientes”.

Pese a ser la más “materialista”, la época actual, tiene la ventaja de contar con la perspectiva histórica que le permite afrontar mejor la vida, como demuestra el final del libro, en el que confluyen los destinos de Anne, Hanna y Anny.

Por Concha Carrón