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Arte y droga, caminos que se cruzan en París

KINT News
02/23/2013 4:00 AM

París, 23 feb (EFE).- Los caminos entrelazados del universo de la creación artística y el mundo de las drogas y psicotrópicos son objeto de una peculiar exhibición en la Maison Rouge de París, que reúne más de 250 obras de 90 autores internacionales entre los que se cuentan Damien Hisrt, Jean-Michel Basquiat o Yayoi Kusuma.

“La creatividad no aumenta demasiado con el consumo de drogas. Permanece en el marco normal del artista y en el marco socio-histórico y estético de su época”, explica a Efe Antoine Perpère, comisario de la muestra “Sous Influénces” (Bajo influencias), que puede visitarse hasta el próximo 19 de mayo.

Se trata de la primera vez que una institución cultural vincula los estupefacientes y la creación artística de una manera tan ambiciosa, con la única intención de mostrar “la relación entre las artes plásticas y los psicotrópicos”, añade Perpère, que desde hace 35 años trabaja en París en un servicio médico de ayuda a los drogodependientes.

La exposición, que alberga un centro privado y no pretende verter “ningún juicio moral o socio-jurídico”, se desarrolla a través de tres ejes.

Para acceder al primer segmento es necesario atravesar la instalación “Swinging Corridor”, un túnel blanco concebido por el alemán Carsten Höller que juega con el efecto de paredes que oscilan hipnóticamente a medida que el visitante se adentra por el pasaje, mientras distingue un olor dulce de incienso incandescente.

El primer bloque está dedicado al trabajo de creadores que experimentaban con estupefacientes en sus propias carnes, como atestigua un dibujo ejecutado en 1853 bajo la influencia del hachís por Jean-Martin Charcot, catedrático francés de neurología y profesor de Sigmund Freud, padre del psicoanálisis.

Otro ejemplo de esa experimentación es el trabajo del polaco Stanislaw Ignacy Witkiewicz, quien allá por 1939 ofrecía a sus clientes retratos del tipo A, que intentaban ser fieles a la realidad; del tipo B, donde el pintor, filósofo y escritor daba rienda suelta a su creatividad; y del tipo C, en los que consumía alcohol, cocaína o hachís para representar a su modelo.

“Quería mostrar que hay muchos artistas que estaban en contacto con las sustancias psicotrópicas, como todos los seres humanos, desde hace milenios”, señala el comisario, junto a unos zuecos pirograbados por Basquiat, genio plástico asiduo a los opiáceos al que mató un cóctel de drogas a los 28 años.

El periplo diseñado por “Sous Influénces” avanza entonces hacia el testimonio de artistas que se han interesado por los psicotrópicos y los estupefacientes como tema para sus obras, con fotografías del español Alberto García Alix, una serie de irónicas jeringuillas de su compatriota Esther Ferrer o instantáneas del cineasta estadounidense Larry Clark, autor de “Kids” o “Ken Park”.

Vídeos, esculturas, instalaciones, dibujos y pinturas escudriñan diferentes aspectos relacionados con diversos productos, desde sus efectos oníricos y excitantes hasta la violencia y muerte que genera su tráfico ilegal o su comercialización reglada, como la serie “Medicine Cabinets”, de Damien Hirst.

“El tema de las drogas siempre es polémico. Hay muchos prejuicios históricos en cada sociedad. Unas proscriben el alcohol, otras las drogas duras, otras toleran el hachís… influye cada país, cada época y cada momento sociocultural”, resume Perpère.

Así se alcanza el último eje de la exposición, que “constata que el problema del artista es la traducción y cómo comunicar los estados a los que se ha accedido”, relata el comisario.

El propio Perpère firma varias obras en este bloque, como una máquina de escribir con las teclas cambiadas, que pretende resumir la dificultad del creador para reproducir las sensaciones que aportan los psicotrópicos, o un espejo en el que puede leerse: “El mundo es una ilusión pasajera”.

Se trata del espacio más lúdico del recorrido, donde entran en juego sonidos y efectos ópticos y que corona una habitación de espejos repleta de setas gigantes y puntos de colores, característica esencial de la psicodélica obra de la japonesa Yayoi Kusuma, que desde 1977 vive voluntariamente en un hospital psiquiátrico cercano a su taller.

“Desde el inicio de la humanidad, nuestros semejantes se han cruzado en su camino con sustancias psicoactivas, plantas, setas y diversas maceraciones y esos encuentros han entrañado estupefacción, intoxicación, dependencia, acceso místico, alivio, muerte o iluminación”, resume el comisario.

La muestra, insiste, solo pretende dar testimonio de ese persistente fenómeno, sin “prejuicios sociales” y sin convertirse en un ejercicio de “voyeurismo”.

Javier Albisu