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La tumba de Juan sin Miedo recobra vida en París

KINT News
02/26/2013 9:48 AM
Actualizada: 02/26/2013 12:51 PM

París, 26 feb (EFE).- Las 39 esculturas que se conservan de la tumba de Juan sin Miedo, duque de Borgoña en el siglo XV, cobran vida a partir de mañana en París, que se convierte en la décima escala de una muestra que ha recorrido el mundo con un gran éxito de público.

Se trata de una obra “excepcional” para la época, concebida por el escultor aragonés Juan de la Huerta, un misterioso personaje del que se conocen pocos datos pero que la documentación describe como una persona de gran carácter, señaló a Efe Damien Berné, conservador del Museo de Cluny, que acoge la exposición titulada “Lágrimas de alabastro”.

Afincado en Dijon, durante años sede de la corte de los duques de Borgoña, De la Huerta recibió el encargo de esculpir en alabastro un cortejo fúnebre para adornar el viaje al más allá de uno de los personajes más poderosos de la Europa del momento.

El artista se basó en el modelo de la tumba de Felipe el Audaz, padre de Juan sin Miedo, pero introdujo “una expresividad de las figuras” nueva para la época, según Berné.

“Su originalidad reposa en que las diferentes figuras parecen tener vida propia. El artista les dotó de una vida que se trasmite bien por la expresión de sus rostros, bien por las posturas e, incluso, por los trajes que visten”, agregó el conservador.

Un avance en la escenografía de finales de la Edad Media, con estatuas totalmente exentas que dejan entrever el gran trabajo de De la Huerta.

Poco se sabe de este escultor, que ha dejado pocas obras y un rastro documental poco concluyente.

De la Huerta tenía un carácter fuerte y se sabe que los enfrentamientos con los clientes que le encargaron obras fueron constantes.

En varias ocasiones abandonó el trabajo, pero las deudas adquiridas le hicieron regresar.

Hasta que en 1456, cinco años antes del final, por motivos desconocidos, acabó abandonando definitivamente el trabajo, por lo que la casa de los Borgoña encargó su finalización al francés Antoine le Moiturier, alumno de la escuela tradicional que hasta entonces había trabajado para los duques.

“Es difícil determinar qué figuras fueron concebidas por De la Huerta y cuales por Moiturier, pero el análisis estilístico de las mismas indica que aquellas dotadas de una mayor expresividad corresponden al primero”, señala Berné.

Una fuerza comunicativa que cobra toda su intensidad en el Museo de Cluny, que las ha expuesto en forma de procesión ascendente hasta llegar a los dos monaguillos que abren el cortejo.

En la exposición parisiense, las esculturas se ven mejor que en su estrado original, escondidas bajo la tumba del duque de Borgoña, entre columnas y arcadas góticas, que impiden verlas en todo su esplendor.

La obra ha recibido ya la visita de más de 600.000 personas en sus anteriores etapas, casi todas ellas en Estados Unidos, y en París vivirá la última, antes de ser restablecidas a su lugar original de Dijon, que desde 2010 ha vivido una intensa renovación.